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martes, 26 de mayo de 2015

"La Champions del Vino"


El Hotel Ritz ha servido de marco para el Salón VINORO, un espacio creado por el infatigable Ernesto Gallud que reúne a algunos de los vinos que han obtenido medallas de oro en diferentes certámenes.

En esta edición ha dado una vuelta de tuerca más con una competición paralela que algunos han denominado “La Champions del Vino”, para la que se ha tenido el acierto de habilitar una sala anexa donde un buen ramillete de expertos han ejercido de jurado y han podido catar con tranquilidad los vinos que han concurrido a esta cata.
Una veintena de bodegas han estado presentes con mesa de degustación en esta edición de VINORO, al igual que varias almazaras, una empresa de embutidos ibéricos y Finca Las Agrupadas, que comercializa queso manchego, aceite, vino y conservas de caza. Por el Hotel Ritz han pasado unas 800 personas, en un evento que también ha tenido, como viene siendo habitual, un gran aporte social. El propio Padre Ángel, de “Mensajeros para la Paz” y que tras el acto tomaba rumbo a Nepal para coordinar acciones humanitarias, agradeció a todos los expositores sus aportaciones en producto, que fueron vendidas en una tienda habilitada a tal efecto y cuya recaudación irá a fines solidarios.
Ernesto Gallud, creador de las "vinoquedadas" y Secretario General de AEPEV.
No suelo personalizar, pero en este caso voy a detenerme en la figura de Ernesto Gallud, el gran artífice del fenómeno de las “vinoquedadas”, que no para de pergeñar eventos y concursos de vino, en algunos de los cuales he tenido la suerte de formar parte del jurado como catador. Aunque casi todos le asocian con “vinoquedadas” y por hacer multitudinarios eventos como los que ha desarrollado en las antiguas instalaciones del Viejo Matadero de Madrid, también organiza el concurso “Vino y Mujer” y el Salón de Monovarietales, entre otras competiciones, algunas de las cuales forman parte del calendario oficial que año tras año se publica en el BOE, una vez que se cumplen una serie de condiciones que establece la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Algunas de las normas principales es que sólo se pueden premiar el 30 por ciento de las muestras presentadas, analizadas en rigurosa cata a ciegas y con la supervisión de presidentes de mesas y del máximo responsable técnico de cada certamen.
Pues bien, lo que muchos no saben es que Ernesto, que también es el Secretario General de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (AEPEV), ha obtenido recientemente un galardón al mejor libro de vino en español por su guía de vinos monovarierales, que ahora se aglutina dentro la marca paraguas que ha pasado a defender: “Sin mala uva”.

Y no sólo no hay que tener “mala uva”, sino que tampoco puede hacer uno “mal vino”, que es la expresión que se utiliza para aquellos que no toleran bien más allá de un par de copas de vino, algo que doy fe que no ocurre con Ernesto, porque sabe calmar bien los ánimos y templar las lanzas, a pesar de que aquellos que le conocemos algo más en profundidad sabemos que le gusta en ocasiones tensar algo la cuerda.
Está claro que en el mundillo del vino Ernesto es uno de esos grandes impulsores, aunque se le suela encasillar en su actividad profesional con las “vinoquedadas”, algo por lo que ha decidido explotar la marca “Sin mala uva”; sin contar la labor que desarrolla en marketing y promoción internacional, dada su experiencia en diferentes mercados, en especial en el mercado asiático, donde cuenta con personal propio, que le suelen reclamar varias visitas al año.
Además, creo que pocas empresas como la suya podrán presumir de contar con bases de datos tan amplias sobre enoturismo, bodegas, Consejos Reguladores, importadores, distribuidores, etc.
Y es que, por todo lo anterior, personas como Ernesto, utilizando el símil de la Champions en el mundo del vino, seguro que estaría -al menos para mí- en el once ideal de la competición.


"La comunicación es nuestro principal objetivo y sin vosotros no tendría sentido, gracias"





IN VINO VERITAS, LONGAE VITAE!))

miércoles, 8 de octubre de 2014

"Vinoro, el glamour del Ritz"

El Salón VINORO, que organiza la empresa “Alamesa”, especialmente conocida por sus populares “vinoquedadas”, es ya un ejemplo de evento totalmente consolidado. Organizado con la premisa de mostrar a los asistentes vinos premiados con medallas de oro en diferentes certámenes, desde un primer momento ha tenido clara su vocación solidaria y parte de sus esfuerzos se centran en recaudar fondos para la ONG “Mensajeros para la Paz”, gracias a que las bodegas y el conjunto de empresas agroalimentarias que participan donan el 25 por ciento del producto con el que concurren a este evento.

Este año algunos tuvimos la oportunidad de casi rozarnos en el Hotel Ritz con el actor Alec Baldwin, dado que coincidió la celebración del Salón con la “premiere” de Torrente 5 e incluso creo que, de no haber ido acompañado de su hija pequeña, se habría tomado un vino, que por algo los americanos nos meten el vino hasta en la sopa en casi todas sus películas.

José Luis Martínez Díaz

En total, se dieron cita en esta edición una veintena de bodegas y media decena de empresas de alimentación, especialmente de quesos e ibéricos, aunque también de carnes e incluso de ginebras y tónicas especiales, en un interesante guiño por las modas.

María Burgoa Cobreros - Álvaro Cerrada - José Luis Martínez Díaz


Lo mejor, sin duda, es mantener el contacto con muchos amigos del sector y poder compartir experiencias con la profe María Isabel Mijares, con el anfitrión Ernesto Gallud, Álvaro Cerrada, de “yalocatoyo”, con el bloguero Carlos Schölderle, Virginia de Vinuranto o con profesionales tan gratos como David Lorenzo, enólogo y “alma-máter” de “Ibizkus”, entre otros muchos amigos y bodegueros, en el convencimiento de que hay que seguir dejándose ver, porque, en caso contrario, dejas de existir.

David Lorenzo Alvarez - Carlos Schölderle

Claro que, como en todo, en estos salones también te encuentras al típico comercial que, a regañadientes, ha tenido que ponerse detrás de la mesa de degustación y no deja de hablar por el móvil o, sencillamente, deja desasistido su expositor. Por el contrario, te puedes encontrar con profesionales como María Burgoa, de Barcolobo, o Nerea Matilla, de Pernod Ricard, con las que es un placer tomar un vino y charlar del sector por el amplio conocimiento que atesoran.

En mi caso, dado que no suelen preparar escupideras, agradecí haber ido de Valdepeñas a Madrid en tren, porque pude probar un amplio abanico de vinos bastante buenos y porque, en ocasiones, la mesura se puede dejar a un lado, ¿por qué no?


Con esta forma de beber y disfrutar, del vino y de la compañía de amigos, recordé el primer curso de cata que realicé hace una quincena de años, dentro del Máster de Viticultura, Enología y Márketing del Vino, cuya asignatura de cata impartió Joaquín Gálvez -ahora “Wineman”-. Las explicaciones y, sobre todo, los vinos eran tan buenos que algunos no hicimos eso de “escupe, Guadalupe”. Además, no entendía porqué el docente llevaba aún inmaculada su camisa y cómo era capaz de llegar a través de chuflitos y pequeños silbidos a la escupidera sin derramar nada; mientras que yo no dejaba de mancharme, a pesar de llevar un “cuba-litro” de plástico pegado a la papada. Claro que me he desviado del tema y del “glamour” del Hotel Ritz…



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